sábado, 16 de octubre de 2010

A weekend in Malacca

A medida que vaya liquidando fotos del viaje voy a ir publicando los posts de los sitios por los que pasamos. El primer destino, al que fuimos el mismo día que Adolfo consiguió llegar a Singapur fue Malacca, en Malasia. Esto hizo que el oficial de inmigración que le puso el sello de Malasia en el pasaporte le mirase con cara de "llegaste a Singapur hoy y ya te vas?". Jeje, iluso.

Malacca es una antigua ciudad colonial que es patrimonio de la humanidad. Fue violada por los holandeses y los portugueses pero salvada por los españoles, o eso dan a entender, ya saben que la historia no es lo mío. Es gracioso encontrarse restos y calles con nombres portugueses paseando por la ciudad.

Sinceramente, la ciudad en sí no vale mucho la pena. Vimos todo lo que había que ver, sudamos como pollos, hicimos el paseíto en barco por el río y al hacerlo de noche quedó un poco más glamouroso, digamoslo así, pero no le terminé de encontrar el punto. Pasear por el mercado nocturno de Jonkers Walk o por esa misma calle de día es obligado, los precios son baratísimos y se pueden conseguir regalitos muy chulos por cuatro perras (o ringgitts). En los alrededores también hay templos y edificios muy chulos. Ahora...nos las vimos y nos las deseamos para encontrar un maldito cajero!!

Malacca IV
Dolor de cabeza de regalo con su paseo

Por lo que siempre recordaré la ciudad es porque, aparte de que fue donde pasamos nuestro primer finde juntos, con sus pros y sus contras, es por el chico que nos atendió en el hostal. Por recomendación del vacaburro reservé habitación en el Discovery Café, que encima estaba muy céntrico. El hostal en sí está muy bien, es recomendable, pero lo que no sabíamos es que el chico que nos iba a recibir el viernes por la noche y que nos iba a despedir el domingo al mediodía era el mismo chico que nos iba a hacer el desayuno el sábado por la mañana y que nos iba a reservar los billetes de vuelta a Singapur el domingo.

Este pobre chico, de veintipocos años, de Bangladesh, Sri Lanka o por ahí, llevaba varios años en Malacca sin poder salir ni a ver a su familia. Su objetivo es dejar Malasia el año que viene y poder volver a su casa a estudiar algo, pero hasta entonces su pasaporte sigue retenido por su jefe. Nos cogió tanto cariño que a Adolfo no le cobró por la última botella de agua que le compró y a mí me mandó un sms con su correo electrónico. Tiene una invitación para venir por Singapur...si consigue su pasaporte de vuelta, claro.

Esta historia se la dedico a todos aquellos que se dan palmaditas en la espalda con el desarrollo que ha sufrido el sudeste asiático en los últimos años, que dicen que ha sido la única región que ha cumplido los objetivos del milenio de las Naciones Unidas pero que se ve que aún le quedan muchos deberes por hacer. Esto no es tan bonito como lo pintan en Españoles por el Mundo, señores!

Si quieren más fotos y algo de info de alguien a quien sí le gustó la ciudad les remito al blog de Jago.

Próximo capítulo: Sidney!

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