lunes, 25 de septiembre de 2006

Ser niño


Ser niño debería ser lo mejor del mundo. Todos los niños del mundo deberían ser felices por el mero hecho de ser niños. Ningún niño debería pasar hambre o frío, sino que todos deberían tener una mamá (o un papá) que les abrigue y les dé un biberón calentito o un bocadillo de Nocilla para merendar mientras ellos pueden jugar sin preocuparse por nada.

Al menos ningún niño del primer mundo debería sufrir eso. Nos creemos que estamos por encima del segundo y tercer mundo en ese sentido, pero a veces nos damos cuenta de que no es así.

Yo siempre he defendido la postura de que darle una torta a un niño no es malo, pero sólo una torta, no dos y, ni mucho menos, una paliza. Lo peor es cuando esas palizas no son sólo físicas, sino también verbales.

Hace unos dos meses cambiamos de vecinos "de arriba". Ahora vive en el segundo una pareja argentina (él es mucho mayor que ella) con la madre de ella y su hijo pequeño, Camilo. Camilo es un niño risueño. Siempre se ríe, saluda cuando te ve por la ventana del patio (porque siempre está asomado a ella), es bajito y no tiene más de 8 añitos de edad.

Tengo la intuición de que Camilo no va a al colegio, porque siempre está en casa. A veces se levanta temprano, a la vez que yo, pero no todos los días.


Camilo tiene una tele en su cuarto con la que ve los dibujos y martiriza a los vecinos de abajo con el volumen. También hace avioncitos de papel y los hace volar desde la ventana de su cuarto, pero siempre acaban estrellándose contra mi ropa tendida. También come chocolate y juega al baloncesto con el papel, pero también cae en el patio, misteriosamente.

La cuestión es que Camilo es un niño como otro cualquiera. Es pequeño, se ríe y le brillan los ojos, pero su madre parece ser que no lo entiende. Camilo todas las noches llora para que su madre deje de pegarle por no querer ponerse el pijama o por no querer apagar la tele para irse a la cama.

También ha cogido miedo a asomarse a la ventana, porque sabe que su madre va a ir corriendo a gritarle y a pegarle tortas en la cabeza mientras cierra la ventana dando golpes. Camilo piensa que nadie le quiere, que le cae mal a todo el mundo porque es cabezón, pero él también sabe odiar, y se lo dice a su padre a la cara. Le dice que se marche y le deje solo con su madre, con esa madre que tanto le insulta. Esa madre que no va cuando él le llama en la mitad de la noche.

Camilo es feliz de día, pero de noche llora. Y nosotros creemos que no debería llorar nunca. Tanto es así que una noche que oímos bastante más tortas y gritos de lo habitual (una de las veces era la abuela gritando "ponle hielo, ponle hielo"), mi madre, que nunca se mete en la vida de nadie, llamó al 112.

Pasado un buen rato apareció un coche de la Policía Nacional. Parece ser que entraron, hablaron con la familia, despertaron a Camilo y pidieron refuerzos. La segunda unidad tomó los datos y, felizmente, se marcharon todos juntos.

¿Alguien entiende algo?

Camilo sigue recibiendo tortas todos los días. Seguro que sueña con escaparse de su casa y vivir en un palacio, rodeado de coches de juguete y chocolatinas a montones. Pero yo pienso que no debería. Pienso que él solamente debería pensar en hacer los deberes y en estratagemas para que no le quiten el puesto en la cola del columpio.

Vivimos en un mundo de locos.

Escuchando: la B.S.O. de Requiem por un sueño.

6 comentarios:

  1. Yo defiendo 0 tortas, ni una, ni una sola, ni blanda ni floja, ni una palmadita en la mano, ni una sola amenaza siquiera, porque no educa, humilla, abre heridas que solo se cierran al morir, de viejito o lo que sea.
    Los niños deben ser educados como humanos, no como perros a base de reflejo condicionado, sino en base a la razón, al uso del sentido común, hay que enseñarles a ser personas pensantes, a no cometer errores que sean irreparables, porque conocen las consecuencias, y las consecuencias en la vida no son un tortazo de papa.
    Pegándoles les enseñamos que los resultados de una mala acción en un "correctivo" de los padres, pegándoles, los humillamos.
    Ni una sola Torta!!

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  2. Anónimo9:48 p. m.

    La BSO de "Requiem por un sueño" te va que ni pintada para escribir el post. ¿Casualidad?.

    Yo tb defiendo tortas dependiendo de la situación. Pero prefiero no hablar.

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  3. Tampoco quieres decir tu nombre? :/ Como me jode la intriga...

    Dejen su nombre por favoooo!!!!

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  4. Estoy de acuerdo con gi, los niños nacen a nuestra imagen y semejanza, nos imitan e incluso desean ser como nosotros. Somos su única referencia, aunque la tele también.

    Ante un golpe, siempre la educación de las palabras, ante un grito el impulso de la paciencia. Si se educan desde pequeños, sin consentirle caprichos no hará falta amonestarlos.

    Los padres son guías, simplemente eso, su deber es enseñarles a dar pasitos.

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  5. Yo también estoy de acuerdo con gi y con bitdrain. En mi caso, sólo recuerdo una torta, que por supuesto fue injustificada, y te puedo asegurar que la recuerdo como si me la hubieran dado ayer mismo.
    Ni una torta, ni una ni media. Ni un insulto,tampoco. No se trata de consentir, sino de educar.

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  6. "Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los pequeños. ahora tengo seis pequeños y ninguna teoría." ROCHESTER, Lord

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