Lo de mudarme a casa temporalmente es, en parte, para descansar de aviones y aeropuertos. He perdido la cuenta ya de los aviones que he cogido desde que decidí emigrar y cada vez que pisaba un aeropuerto era con una sensación medio de expectación, por ver una ciudad nueva o volver a casa (la que fuera) y medio con hastío.
Las preguntitas de facturación son repetitivas hasta la saciedad ("sí señora, pasé la noche de ayer en un albergue y por supuesto que me pueden haber metido algo en la maleta, pero qué más da?") y a prueba de tontos o graciosillos. Los controles de seguridad llegan a cansar, y más si tienes delante al perretoso que no sabe que 100 mililitros son 100 militros y ese
aftershave de medio litro se tiene que ir a la basura o a esa madre con hijos que tiene que quitarle las botas a los niños y éstos no se dejan.
Cuando vine de Manchester en Navidad, por ejemplo, no me querían dejar volar con
Christmas Crackers en la maleta. Primero dijeron que tenía que sacarle la tira explosiva ("a cada uno? está usted bien de la cabeza?"), luego que no podía llevarlos en el equipaje de mano aún habiendo sacado la tira y, finalmente, una encargada de la aerolínea tuvo que venir a confirmar que sí podía llevarlos en la maleta. Poner la combinación en el candado, abrir maleta, sacar crackers, abrir caja de crackers, cerrar caja de crackers, encajarlos en la maleta, cerrar maleta, cerrar candado....hasta las narices me tenían.
En los controles de inmigración siempre está el típico policía que se cree que mi carné de identidad es falso y tiene que mirarlo por todos lados y meterlo por todas las maquinitas habidas y por haber. Y que, por supuesto, cuando le pregunto si quiere ver mi pasaporte dice que no, para fastidiar.
El pateo a la terminal adecuada, la espera en la puerta de embarque, los retrasos, los cambios de puerta, la espera una vez dentro del avión...el vuelo en sí. Todo lo que no sea despegar y aterrizar para mí sobra. El resto hace que me suba por las paredes. Y no es por miedo a volar, sino por aburrimiento. Ni iPod, ni siesta, ni libros, ni cantidades obscenas de comida, como me dieron en el vuelo a EE.UU. Naada. El par de paseítos al baño no me los quita nadie. Y siempre me cojo ventanilla cuando vuelo, para tocar las narices más aún.
Esto viene a cuento de que mi próximo viaje planeado es para Marzo, en el que volveré a pisar Manchester y Londres por un fin de semana con la excusa de ver a los
Fun Lovin' Criminals en concierto (capricho de cierta persona) y aprovechar mi
Railcard antes de que caduque...pero parece ser que tengo que coger otro avión en menos de dos semanas, porque pasé la entrevista telefónica que tuve el jueves pasado y me quieren ver en persona. Aún estoy esperando a que me confirmen la fecha para comprar el billete...y solo puedo decir que me da muchísima pereza volver a esa rutina...y que esperemos que me dén el trabajo! más vale!
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